La propaganda de la izquierda y el anticlericalismo (ateísmo militante) es tan antigua como la estrategia de mentir de manera compulsiva para intentar convertir a los creyentes, y la iglesia en todo su conjunto, en enemigos del pueblo al ser el único obstáculo que se opone entre la libertad y el materialismo marxista que busca transformar al hombre en esclavo de una ideología destructiva.
