Aquiles, deseamos tu pronta recuperación, o que a esta altura ya estés completamente bien de salud!!
Entre los líderes estudiantiles del '68, indudablemente Luis González de Alba fue uno de los más relevantes, quien este 2 de octubre falleciera -se suicidó- en su casa de Guadalajara. No sé por qué no lo incluiste entre los mencionados líderes. Me aventuro a pensar que fue por su enemistad con Elena Poniatwoska y el periódico La Jornada. González de Alba habría demandado ante los tribunales a Elena por una supuesta tergiversación de lo ocurrido ese año, en su libro La noche de Tlatelolco. La crónica autorizada por el ahora fallecido líder, escritor, ensayista y divulgador de la ciencia no correspondía con los hechos narrados por la escritota en su libro. Si bien esa disputa legal llevó a Elena a corregir su libro, ella no pierde credibilidad ni González de Alba. Éste último estuvo privado de su libertad durante dos años en Lecumberri; ahí escribió su libro Los días y los años, donde explica detalladamente las razones del movimiento y la masacre que convirtió a Gustavo Díaz Ordaz en un asesino.
Reseña de Los días y los años.
Por Coronado Ma. Cristina
Luis González de Alba redacta una crónica verídica de los sucesos acontecidos el 2 de octubre de 1968. Dicha crónica se encuentra resumida en su libro Los días y los años, libro que escribiera en la apesadumbrada soledad del encierro en Lecumberry a los 26 años.
Los días y los años narra de forma anacrónica los sucesos que acontecieron durante el Movimiento Estudiantil del ‘68. El ir y devenir del presente al pasado, nos muestra de diferentes ángulos el desarrollo del movimiento oprimido por cuerpos policiacos y del ejército. Movimiento que culmina en una gran masacre en la plaza de Las Tres Culturas en la zona habitacional de Tlatelolco después de un mitin pacifico por parte de estudiantes y simpatizantes del CNH (Consejo Nacional de Huelga).
Luis González de Alba dentro de su papel de narrador-testigo (narrador homodiegético) , explica las causas de dicho movimiento y afirma que, no sólo se trataba de un pleito entre dos prepas, sino de una aglomeración de sentimientos oprimidos durante años, vedados por el gobierno de Díaz Ordaz y aclara: “(…) El Movimiento tuvo sus causas propias e independientes aunque mucha gente se muera de ganas por meter la mano dentro (…)” (GONZÁLEZ, 2008:19) Para pasar de la burguesía al socialismo deberían pasar por la Revolución tal como lo hizo Cuba con el “Che” sin embargo, nunca ocurrió tal acontecimiento y el gobierno de Díaz Ordaz peleó contra un fantasma que nunca existió: el comunismo.
Miles de estudiantes se unieron al Movimiento que duró tres meses. La organización de los mítines y huelgas se debían al CNH (Consejo Nacional de Huelga) y a Sócrates como máximo representante “(…) Lo que digo es que las características de CNH impedían lo que siempre sucede: La “transa” por parte de los líderes (…)”[i] (GONZÁLEZ, 2008:20) Sus funciones eran patrocinadas con el dinero que reunían las escuelas y Universidades de México, Los días y los años detalla las labores de esta institución y la participación activa de Luis González de Alba y por la cual, se encontraba encarcelado.
No sólo los jóvenes de México exigían libertad de expresión y respeto a sus ideas, en Europa se cocinaba un movimiento parecido y los jóvenes expresaban:“(…) En Alemania no queremos defender nuestra actual constitución, sino acabar con ella, lo mismo pasa en Francia o en Italia; los estudiantes impugnan a sus regímenes y a las leyes que los sostienen (…)” (GONZÁLEZ , 2008:42) El cambio era necesario, “renovarse o morir” y en México la segunda opción fue la “solución” al problema. Un grupo de jóvenes reclutados entre los miembros de infantería serían los protagonistas de la encarnizada lucha por exterminar el Movimiento y culpar a los mismos estudiantes de las atroces muertes ocasionadas en Tlatelolco. Haciéndose llamar como “Batallón Olimpia” , vestidos como civiles ingresaban a las escuelas a enardecer los ánimos y entregarles armas, Luis González de Alba advierte que sus funciones continuaron en Lecumberry asesinando a líderes importantes con el fin de “limpiar cualquier evidencia”.
Desafortunadamente el Movimiento Estudiantil solo quedó en un intento revolucionario por destruir la tiranía de México, no obstante, gracias a todos estos jóvenes del 1968 , hoy podemos gozar de ciertas libertades que antes no teníamos como: publicar una opinión en un diario público, vestir y pensar diferente además de expresarnos libremente en plazas públicas. Muchos dirán que fue una pérdida de tiempo y de vidas sin embargo, y a pesar de todo, marcó el principio de una nueva etapa en la democracia de México.
Fuente: GONZÁLEZ de Alba, Luis. Los días y los años. Planeta, México, 2008
Creo que la versión de Luis González de Alba está por encima de mi opinión. Sólo decir que los estudiantes, esa tarde-noche en la Plaza de las Tres Culturas, no estaban armados. Los infiltrados como civiles que iniciaron la masacre eran gente del gobierno de Díaz Ordaz. Es cierto que el problema no se reducía al enfrentamiento entre dos escuelas Preparatorias; sí fue un movimiento que pretendió ser revolucionario para poner contra la pared al régimen autoritario existente, como lo señala el líder fallecido. El gobierno pasaba por una crisis de legitimidad y se acercaban los Juegos Olímpicos México 68. Yo creo que aquel gobierno sobreestimó el poder del movimiento estudiantil y empezó a generar entre la opinión pública y la sociedad una campaña anti movimiento estudiantil, una suerte de "terrorismo de Estado" que alteró la paz social.
¿Qué hubiera hecho yo?
Si te digo que existe un momento de excepción en la vida pública de mi país y yo soy gobernante, no podría aludir a la razón de Estado para justificar una masacre. Decía Maquiavelo que aplicar la razón de Estado "con objeto de conservar o incrementar la salud y fuerza de un Estado, bajo el supuesto de que la supervivencia de dicho Estado es un valor superior a otros derechos individuales o colectivos. Dichas medidas adoptadas pueden ser perfectamente legales". Las medidas que tomó Díaz Ordaz podrían ser legales en pro de la seguridad nacional, pero no es ético mandar a asesinar a tu propio pueblo. Yo hubiera buscado un acuerdo de paz enviando un grupo de emisarios respetados/respetables para contactar con los líderes estudiantiles, que bien podrían ser los intelectuales de izquierda de esa coyuntura, como hizo Zedillo al nombrar a Emilio Rabasa negociador en el 94 con los zapatistas, o satisfacer sus demandas parcialmente con el fin de detener un movimiento armado. Te formulo la misma pregunta.
Por cierto, yo voté por el cretino de Mancera.
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