Veo que alguno aun menciona los milagros y no hay ninguna demostración de que haya habido uno; a menos que, como sucedìa en la antigüedad, a un eclipse se lo declare milagro y, en ese caso, la prueba està ante los ojos de todos.
Es evidente que el poder de la fe es desconcertante; no sòlo por lo que se supone que una cosa "es" sino por la obcecación en no rendirse ante las evidencias. La fe es algo absolutamente positivo y necesario pero el exceso es nefasto: sucede como con el agua o la comida.
Es obvio que lo que se cuenta sobre la divinidad de Jesùs y otras cosas son “historias” que lindan con las “historietas”. No hay evidencia, prueba o algún contemporáneo que testimonie lo sucedido en sus andanzas. Haciendo un ejemplo exagerado, podemos ver como a Pinochet, que fue un asesino y secuestrador de niños, alguno aun cree las historias de que salvò a Chile, que hizo bien a la gente, etc. La gente, dentro de su ignorancia se deja maneja muy fácilmente en sus convicciones, creencias y sobre una historia que, para màs de uno acà, es contemporànea; imaginemos 2000 años atrás cuando una noticia para llegar de Padua a Roma tardaba una semana como mínimo y con un analfabetismo casi total.
Lo màs extraño es como una “historia” contada en modo parcial y tendencioso sigue consiguiendo adeptos por màs ilógica que pueda sonar a los nuevos adoctrinados y por màs que se transmita de generación en generación sin lograr pruebas de alguna veracidad. El comportamiento humano es, a decir poco, anonadante.
El ateo en este caso lleva las de ganar en el debate porque no sòlo desconoce la existencia de la divinidad sino que no acepta historias impuestas por la fe.




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