El aborto es el único caso de muerte, asesinato, eliminación o como quiera que se le llame en el que el que no cuenta para nada es el propio eliminado. En el asesinado de un adulto o persona física, el muerto es el cuerpo del delito y las circunstancias que concurren son agravantes o atenuantes. Es así en un robo, en una estafa o en cualquier delito que atente contra la integridad física o material de las personas.
En el caso del aborto es todo lo contrario. El cuerpo del delito es la madre, el padre o la sociedad y curiosamente NINGUNA de las tres sufren en su carne la eliminación física. ¿Por qué dicen las mujeres que ellas deciden si no son ellas las que han de morir? ¿Y por qué es la sociedad la que decide si no le va nada en ello?
Aquí, el que es quemado vivo, descuartizado o envenenado es un individuo que no ha hecho nada y que no es merecedor de semejante castigo. ¿De cuando la señora que lo lleva dentro es su dueña? Es como si el banco de pronto decidiera robar nuestro dinero puesto que es él el custodio del mismo. O como si una maceta se sintiera dueña de las margaritas que crecen en la tierra que contiene.
El aborto tiene como resultado la muerte de un ser vivo y es este al que la ley le niega el protagonismo de su propia muerte. ¿Por qué ocurre esto? Esto ocurre sencillamente porque el muerto, un feto o embrión en este caso, carece de los mecanismos de defensa que otros hemos conseguido desarrollar con el tiempo. Es lo mismo que matar a un sordo, mudo, sin posibilidad de comunicación. ¿Quien habla por él? ¡Nadie! ¿Quien lo defiende? ¡Nadie! ¿Quien decide eliminarlo? ¡¡¡LOS DEMÁS!!!
Vemos a un niño muerto en las calles de Pekín tirado en la calzada como un muslo de pollo sobrante en una carnicería y nos llevamos las manos a la cabeza y gritamos que eso no es justo. En ese momento casi llegamos a llorar de pena. Ese niño muerto, tenía apenas unas semanas más que los miles que se matan todos los días en los países que se dicen "desarrollados" por haber venido a "incomodar" la vida de sus padres o de la sociedad que está obligada a darles acogida.
Cuando se empieza banalizando en lo poco se acaba banalizando en lo mucho. La vida es importante SIEMPRE, más aún cuando no hay razón para castigar con la muerte al inocente de lo sucedido con los crímenes de la propia sociedad que lo condena. ¿Por qué no ampliar el abanico de los "condenables a muerte? ¿Por qué quedarnos sólo en fetos que estorban? ¿Qué ocurre, que son los fetos los únicos que nos van a causar incomodidades en nuestra cómoda vida de comodones desarrollados?
Esas formas de seguir eliminando ya las pensaron otros y las sociedades de sus respectivas épocas no pensaron que estuvieran haciendo nada fuera de lo común ni delictivo...¡¡¡Mejorar la comodidad de la sociedad lo justifica todo!!!
Un saludo.


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