
Iniciado por
JacTT
Cuando nosotros redactábamos biblias con conocimiento de la nada y la Tierra, en esa época otras religiones y culturas ya estaban mucho más avanzados.
Posiblimente sus Dioses inspiraron a sus fieles con más capacidades que lo que inspiró Dios al pueblo judío.
Los mayas conocieron desde el tercer milenio a. C. como mínimo un desarrollo astronómico muy polifacético. Muchas de sus observaciones han llegado hasta nuestros días. Conocían con gran exactitud las revoluciones sinódicas de los planetas Mercurio, Venus, Marte Júpiter y Saturno. Calcularon los períodos de la Luna, del Sol y de estrellas como las Pléyades, que señalaban los inicios de algunas festividades religiosas.
El calendario comienza en una fecha cero que posiblemente sea el 8 de junio de 8498 a. C. en nuestro cómputo del tiempo, aunque no es del todo seguro. Los mayas tenían además un año de 365 días.
El calendario solar maya era tan preciso como el que hoy utilizamos. Además, todas las ciudades del periodo clásico están orientadas respecto al movimiento de la bóveda celeste.
Las cuatro escaleras del edificio suman 365 peldaños, los días del año. En el Códice Dresde y en numerosas estelas se encuentran los cálculos de los ciclos lunar, solar, venusiano y las tablas de periodicidad de los eclipses.
Una buena parte del conocimiento que tenían los mayas perduró incluso después de la conquista. Al principio se practicaba de forma clandestina; después se mezcló con las costumbres de la vida diaria, muchas de las cuales todavía siguen vigentes en la actualidad.
Teniendo en América culturas tan ricas y avanzadas científicamente, sabe mal ver que algún americano se obceca en seguir los mandatos divinos de una remota región del otro lado del mundo impuesta por derecho de conquista.
Creo que hay que reivindicar el poder humano de la época que dejó boquiabiertos a los conquistadores. La lástima que su buena fe, no pudo imaginar la maldad y capacidad destructora de un ejército dominante proveniente de Europa, y eso sí, con la biblia en la mano.
La religión ha sido en general un elemento de control, ya que precisamente los conocimientos científicos en astronomía eran recelosamente guardados por los sacerdotes pudiendo pronosticar sucesos como si de comunicación divina se tratara.