Respondamos.
Un buen padre siempre mirará la altura de la falda de su hija antes de ir a misa y hará una comprobación milimétrica para obtener el nivel óptimo. Es normal que la niña luche con el padre porque sus inclinaciones exhibicionistas tendentes a provocar al macho están impresas en cada uno de sus genes. Si ese padre ha hecho lo correcto y su hija se ha comportado como una mujer honesta, decente y de moral intachable, está claro que el manoseador es un enfermo al que habría que meter a buen recaudo. Si la niña ha sorteado la autoridad paterna y ha conseguido su propósito de convertirse en una bomba andante, tendríamos que decir que tiene bien empleada la "nalgada" para que la próxima vez entienda que una mujer que provoca intencionadamente tiene el riesgo de ser agredida por alguna fiera troglodita.
Ahora yo te pregunto: Estás tranquilamente en una cafetería con tu hija y viene un señor calvo, de barriga prominente, con gafas y calcetines hasta la rodilla y se abre la gabardina para enseñaros su bello cuerpo. ¿Ese hombre tiene los mismos derechos que la mujer que camina con el pompis perfectamente marcado delante del homo trogloditus?





Responder Citando