Ya el 13 de agosto de ese mismo año, Pío recibió a 3.000 creyentes y a 600 soldados italianos ante quienes exclamó: «¡Cuántos hechos heroicos dan hoy un espléndido testimonio en los campos de batalla, en el aire y en los mares, de aquel vigor de ánimo que arrostra valerosamente peligros de muerte... Es justamente en los huracanes de la guerra donde se viven horas y momentos de luminoso aquilatamiento en los que se manifiestan a menudo hazañas imprevistas de almas tan heroicas que lo sacrifican todo, hasta la propia vida, en cumplimiento de los deberes impuestos por la conciencia cristiana». El papa siguió bendiciendo a soldados italianos y alemanes, pero a par-tir de la primavera de 1942 esas audiencias fueron restringidas hasta ser finalmente suprimidas».