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Si el señor Segura no hubiera lanzado su cerilla, no habria habido muertos, pero claro, la malvada Republica pretendio nada menos que establecer un verdadera separacion Iglesia-Estado, algo asi como lo que hay en Francia desde hace mucho, y eso la Iglesia no lo puede tolerar porque se le seca la teta, y si algo sagrado hay para la Iglesia, eso es el poder y el dinero.

Esa cantinela de una España comunista no cuela.
Hasta que empezo la guerra, el Partido Comunista era muy poca cosa.
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En su momento, sin embargo, el secretario de la poderosa congregación Propaganda Fi-de, arzobispo Constantini, exclamó —«algo imposible sin la aprobación de la Santa Sede», anunciaba al encargado de negocios alemán a Berlín— a raíz de la celebración de una misa solemne a principios de agosto de 1941: «Ayer sobre el suelo español y hoy en la misma Ru-sia bolchevique, en aquel inmenso país donde Satán parecía haber hallado sus mejores vica-rios y colaboradores en los mandatarios de las repúblicas, valerosos soldados, incluidos los de nuestra patria, libran ahora la más grande de las batallas. Desde lo más profundo de nuestro corazón deseamos que esta batalla nos depare el triunfo definitivo y el ocaso del bolchevismo que sólo busca negar y subvertir». Y Constantini imploraba que la bendición de Dios descen-diese sobre los soldados italianos y alemanes, que «en esta hora decisiva defienden el ideal de nuestra libertad contra la barbarie roja». El nuncio papal en Berlín, Orsenigo, dijo el 20 de agosto de 1941 al secretario de estado Weizsácker: «¡Quien en este momento habla de paz es un estalinista».
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Ya el 13 de agosto de ese mismo año, Pío recibió a 3.000 creyentes y a 600 soldados italianos ante quienes exclamó: «¡Cuántos hechos heroicos dan hoy un espléndido testimonio en los campos de batalla, en el aire y en los mares, de aquel vigor de ánimo que arrostra valerosamente peligros de muerte... Es justamente en los huracanes de la guerra donde se viven horas y momentos de luminoso aquilatamiento en los que se manifiestan a menudo hazañas imprevistas de almas tan heroicas que lo sacrifican todo, hasta la propia vida, en cumplimiento de los deberes impuestos por la conciencia cristiana». El papa siguió bendiciendo a soldados italianos y alemanes, pero a par-tir de la primavera de 1942 esas audiencias fueron restringidas hasta ser finalmente suprimidas».

Etanol
¡Me estás gustando! Me tienes desconcertado completamente. Seguro que al leer estas palabras una leve sonrisa se dibujará en tu rostro.
Has pasado el "tacto rectal" con sobresaliente y evidentemente no perteneces al Comando Lumbreras. No escribes mal y buscas argumentos antes que la descalificación propia de la impotencia argumental o la ignorancia tan extendida en nuestro Comando de guardia. Pero...algo no me cuadra...permíteme que me de mi tiempo para analizar cuál es tu objetivo porque ahora mismo estoy nadando entre dos aguas...

De momento vamos a seguir y ya veremos por dó derivan nuestros posts ¿Te parece bien?