Parecido al párrafo que transcribo más abajo, se puede encontrar en los otros tres evangelios. Si a eso añadimos los milagros y las resurrecciones, resulta raro entender que, después de tres años realizando esos portentos, no haya quedado rastro de los mismos, ya que todas esas cosas serían de gran notoriedad, incluso para nosotros en pleno siglo XXI.

Un no creyente no es peor persona que un creyente, ni su moral desmerece con respecto a la de aquel. Finalmente, el razonamiento no debería ser un adorno.

“Y Jesús recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 24 Y su fama se extendió por toda Siria, y le trajeron a todos los que tenían dolencias: los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, y los endemoniados, y los lunáticos y los paralíticos, y los sanó. 25 Y le siguieron grandes multitudes de Galilea, y de Decápolis, y de Jerusalén, y de Judea y del otro lado del Jordán.” (Mateo 4:23-25)