1. El spinozismo no comienza, como suele afirmarse en los manuales de filosofía, por Dios, y de ahí deduce todo su sistema, sino que al igual que en Hume, el conocimiento comienza por las impresiones recibidas. Desde ahí, si logramos formar con dichas impresiones las ideas adecuadas que expresen el infinito virtual que se actualiza de forma distinta en cada ser —es decir, si logramos crear las ideas adecuadas que expresen la esencia de Dios que verdaderamente somos—, entonces podremos acceder tanto a la verdad de la diferencia como a la libertad de la acción.

2. La moral en tanto que preceptos o mandatos divinos no son sino un problema de falta de ideas adecuadas. Al ser el mundo Dios mismo actualizado en su diferenciación, todas las ideas dadas por Dios y entendidas por el hombre como mandatos no son sino afirmaciones de cómo es Él y, por lo tanto, el mundo. De este modo, cuando Dios dijo a Adán que no comiera la manzana del árbol, simplemente le advertía que existen cosas en el mundo que son dañinas para la potencia de su ser ya que tienen una potencia excesiva que le anularía. Es únicamente el entendimiento humano, en tanto que fundado en ideas inadecuadas que no han llegado al conocimiento de su ser como expresión de la esencia de Dios, el que equivocadamente interpreta la advertencia divina como un mandato moral. Así pues, toda moral no es sino un falso conocimiento.

3. Deleuze afirma por primera vez la capacidad del hombre, en tanto que ser actualizado, para poder acceder mediante el conocimiento de sí mismo al conocimiento del mundo y de Dios en un mismo movimiento. Así pues, Mundo, Yo, y Dios, las tres ideas kantianas, se implican y conllevan un mismo proceso de diferenciación común.

Ahora bien, ¿cuál es ese movimiento concreto de diferenciación que conlleva la disyunción a la vez que la inmanencia de lo “disyuntado”? Deleuze, desarrollando el análisis realizado a propósito del eterno retorno nietzscheano, lo denomina síntesis disyuntiva. La influencia presente en esta síntesis disyuntiva es doble. Por una parte, Deleuze se refiere de nuevo a Bergson. Concretamente a la idea expuesta por este en La evolución creadora a propósito de un movimiento vitalista-biológico que en lugar de evolucionar mediante la mutación azarosa y la posterior adaptación al ambiente, evoluciona mediante la diferenciación de varias respuestas a cada problema planteado. Es decir, que, por ejemplo, existe un punto en la línea evolutiva en el que el mismo movimiento de evolución debe dar una respuesta al problema de la reproducción. Entonces se produce un nodo de diferenciación entre la reproducción asexuada y la reproducción sexuada. Y de la misma manera sucedería con la necesidad de movimiento propio. Si bien las primeras células eran llevadas por la corriente marina en las que se originaron, en cuanto se plantea el problema del automovimiento, la evolución genera una síntesis disyuntiva en la que reorganizando los distintos elementos implicados en el problema se produce la diferencia entre el movimiento generado por el puro instinto, y el generado por la reflexión que implica un primer distanciamiento y un primer atisbo de consciencia de ese mismo proceso de diferenciación. Por otra parte, Deleuze recurre a la obra de Lewis Carroll para mostrar la dimensión lingüística de este mismo movimiento, a propósito de lo que Deleuze llama palabras “valija”, como frumioso. Ésta, inventada por Carroll como fusión de los conceptos de “fumante” y “furioso”, sin embargo no implica la síntesis y diferenciación de los mismos en un único movimiento, o su simple fusión, sino que, para Deleuze:

Por poco que vuestros pensamientos se inclinen del lado de fumante, diréis fumante-furioso, si se fijan, aunque solo sea por un pelo, del lado de furioso, diréis furioso-fumante; pero si tenéis este don de los más raros, un espíritu perfectamente equilibrado, diréis frumioso. Así pues, la disyunción necesaria no está entre fumante y furioso, porque puede perfectamente tratarse de los dos a la vez, sino entre fumante-furioso por una parte, y furioso-fumante por otra. La función de la palabra valija consiste siempre en ramificar la serie en la que se inserta [Deleuze 2005: 77].