Jesús lo dirigió a la Ley Mosaica que Jehova había dado a Israel, mostrándole así que Jehová no había dejado de indicar lo que se requería.
El hombre le contestó
que había guardado los mandamientos de Dios
‘desde su juventud’.
Parecía como si él estuviera a punto de entrar por la puerta de la vida, pero él mismo percibía que todavía le faltaba algo. Tal vez haya pensado que el hacer algún acto bondadoso o heroico sería el paso final para entrar por la puerta que conduce a vida eterna. La respuesta de Jesús implicaba mucho más: “Vende todas las cosas que tienes y distribuye entre los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sé mi seguidor”. ¿Qué sucedió entonces? “Cuando oyó esto, él se contristó profundamente, porque era muy rico [o, tenía muchas posesiones materiales].” De modo que el hombre se fue.
LO QUE YO ENSEÑO NO ES MIO
PERTENECE AL QUE ME ENVIO” (Juan 7:16.)