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POR mucho tiempo, algunos lectores de la Biblia han acusado a Jehová de ser un Dios belicista y sanguinario
Es cierto que la Biblia relata con franqueza la ejecución de sentencias adversas dictadas por Jehová en el pasado. Sin embargo, estas siempre recayeron en personas impías. Por ejemplo, no fue hasta que la tierra del tiempo de Noé “se llenó de violencia” que Jehová dijo: “Aquí voy a traer el diluvio de aguas sobre la tierra para arruinar de debajo de los cielos a toda carne en la cual está activa la fuerza de vida”. (Génesis 6:11,*17.) En cuanto a otra de tales sentencias, fue solo debido a que las ciudades de Sodoma y Gomorra “se entregaron a las inmoralidades sexuales, y se dejaron llevar por vicios contra la naturaleza” por lo que Dios “hizo llover azufre y fuego”. (Judas 7, Versión Popular; Génesis 19:24.)
Jehová le aseguró a Abrahán, cuyo sobrino Lot vivía en Sodoma, que no destruiría aquellas ciudades si tan solo hallaba allí a diez hombres justos. ¿Manifestaría un Dios que se deleitara en derramar sangre semejante interés y misericordia? Antes bien, ¿no hemos de decir que una de las características dominantes de la personalidad de Jehová es la misericordia? (Éxodo 34:6.) Él mismo dice: “No me deleito en la muerte del inicuo, sino en que alguien inicuo se vuelva de su camino y realmente siga viviendo”. (Ezequiel 33:11.)
La historia da un cuadro escandaloso de la vida extremadamente inicua que llevaban los cananeos. El espiritismo, los sacrificios de niños, la violencia sádica y las diferentes formas de adoración sexual pervertida estaban a la orden del día. Como Dios de justicia que exige devoción exclusiva, Jehová no podía permitir que esas prácticas repugnantes alteraran la paz y la seguridad de personas inocentes, en particular de los israelitas. (Deuteronomio 5:9.)
Para ilustrarlo: imagínese que donde usted vive no hubiese una milicia o un cuerpo de policía de confianza que hiciera cumplir las leyes del país; ¿no reinarían la anarquía y la violencia de la peor clase? Del mismo modo, Jehová se vio obligado a tomar medidas contra los cananeos por causa de su libertinaje y el grave peligro que su conducta suponía para la adoración pura. De ahí que decretase: “La tierra está inmunda, y traeré sobre ella castigo por su error”. (Levítico 18:25.)
La justicia divina se administró cuando las fuerzas ejecutoras de Dios —los ejércitos israelitas— exterminaron a los cananeos. El que Dios se valiera de seres humanos, en lugar del fuego o de un diluvio, para ejecutar la sentencia no restó peso a esta. Por eso, cuando los ejércitos israelitas guerrearon contra las siete naciones de Canaán, recibieron la siguiente instrucción: “No*debes conservar viva ninguna cosa que respire”. (Deuteronomio 20:16.)
Sin embargo, como Dios respeta la vida, no decretó una matanza indiscriminada. Por ejemplo, en la ocasión en que los residentes de cierta ciudad cananea llamada Gabaón pidieron misericordia, Jehová se la concedió. (Josué 9:3-27.) ¿Habría hecho algo así un dios de guerra depravado? No; sin embargo, sí lo haría un Dios que ama la paz y la justicia. (Salmo 33:5; 37:28.)
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