Usted no sabe la verdad de la biblia, es verdad que no se debe matar, pero las guerras que mando Jehova fueron segun su santa voluntad y para quitar a los que practicaban cosas malas hasta sacrificaban a sus hijos y adoraban dioses falsos, no debemos juzgar las decisiones de Dios.
Los cristianos no matan por eso es que a los testigos de Jehova se les encarcela, inclusive en los estados unidos hubo un tiempo que se les encarcelaba, y en muchos países hoy también están en cárcel por no participar en la guerra....todas las religiones, mormones independientes católicos y evangélicos van a la guerra.
la ley de Moisés o la ley dada a israel no se quito por que los mandatos no eran de misericordia, eso muestra que usted no sabe aunque se le ha dicho la verdad bíblica anteriormente no desea aceptarla.
La ley conducía a los Judíos a cristo Jesús, cuando llego Jesús se termino la ley entera, no partes de ella, Jesus la resumio en dos mandatos
Al establecerse la congregación cristiana, surgió una nueva situación. Los cristianos no están bajo la Ley de Moisés. Los seguidores de Cristo habían de hacer discípulos de gente de todas las naciones; por eso, con el tiempo habría adoradores del Dios verdadero en todas aquellas naciones. Sin embargo, ¿qué motivo impulsa a tales naciones cuando van a la guerra? ¿Es llevar a cabo la voluntad del Creador de toda la Tierra, o es adelantar algún interés nacionalista? Si los cristianos verdaderos de una nación fueran a guerrear contra otra nación, estarían peleando contra compañeros de creencia, contra personas que pedirían ayuda en oración al mismo Dios a quienes ellos pedirían ayuda. Apropiadamente, Cristo mandó a sus seguidores que depusieran la espada (Mat. 26:52). Desde entonces en adelante él mismo, glorificado en los cielos, llevaría a cabo la ejecución de los que desafiaran al Dios verdadero y Su voluntad. (2 Tes. 1:6-8; Rev. 19:11-21.)
“¿Cuál mandamiento es el primero de todos?”
¿Qué hay que hacer para agradar a Dios? ¿Seguir un conjunto infinito de normas? ¡Qué bueno que no*es así! Según el propio Hijo de Dios, Jesucristo, lo que Dios nos pide se puede resumir en una sola palabra. (Lea Marcos 12:28-31.)
Deseosos de hacerlo caer en una trampa, sus enemigos le hicieron varias preguntas polémicas. Como cada respuesta suya los desarmaba, uno de ellos le preguntó: “¿Cuál mandamiento es el primero de todos?”
(versículo 28).
No era una pregunta inocente. Mientras que unos judíos disputaban sobre cuál de los más de seiscientos mandatos de la Ley mosaica era el principal, otros sostenían que todos eran igual de importantes y que no debía dárseles más peso a unos que a otros. ¿Qué diría Jesús?
Al contestar, Jesús no mencionó uno, sino dos mandamientos. Primero dijo: “Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (versículo*30; Deuteronomio 6:5). Lo que esto quiere decir es que el amor a Jehová incluye a la persona en su totalidad, con sus facultades y recursos. Cierta obra bíblica lo expresa así: “A Dios hay que amarlo de manera completa y total”. Por eso, si uno ama a Dios, hará todo cuanto esté a su alcance para ganar su aprobación (1 Juan 5:3).
En segundo lugar, Jesús dijo: “Tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo” (versículo 31; Levítico 19:18). El amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables: el segundo es consecuencia del primero (1 Juan 4:20, 21).
Si amamos al prójimo como a nosotros mismos, trataremos a los demás como queremos que ellos nos traten a nosotros (Mateo 7:12). Haciendo esto demostramos que amamos a Dios, quien nos hizo a todos a su imagen y semejanza (Génesis 1:26).
¿Cuánta importancia tienen los mandamientos de amar a Dios y al prójimo? “No hay otro mandamiento mayor que estos”, declaró Jesús (versículo 31). En el relato paralelo, él dijo que todos los demás mandamientos dependían de estos dos (Mateo 22:40).
Agradar a Dios no es complicado. Todo lo que él pide de nosotros se resume en una sola palabra: amor. Este siempre ha sido —y siempre será— la esencia de la adoración pura. No obstante, el amor no es cuestión de meras palabras o sentimientos, sino que se expresa mediante actos (1 Juan 3:18).





Responder Citando