Cita Iniciado por María_Laura3 Ver Mensaje
Los mandatos del Antiguo Testamento que ordenaban la pena de muerte en muchos casos, no fueron en verdad dados por Dios. En el tiempo de Moisés no fue prescrita la pena de muerte, porque Jesús cuando predicó el Evangelio, nos enseñó los mandamientos que en verdad fueron dados por Dios, y Él no nos enseñó que a Moisés se le hubieran dado mandatos que ordenaban matar a las personas.

Así que el Evangelio no enseña lo que tú enseñas, pues Jesús no enseñó que toda la biblia es la palabra de Dios. Jesús no enseñó que creyéramos todo lo que iban a incluir en las biblias los emperadores de Roma y su religión del imperio en el siglo IV. Ellos incluyeron los mandatos escritos en el Antiguo Testamento que Jesús había dejado anulados, y esos mandatos no eran de Dios sino de hombres, pues Jesús no vino a anular la ley que en verdad había sido dada a Moisés.

Lo que Jesús mandó creer y predicar fue el Evangelio, no las biblias.


Interesante pensaría que son la misma persona
palabra por palabra lo que dicen esperanza y porque25

Jehová mandó al antiguo Israel que guerreara para tomar posesión de la tierra que él mismo había señalado como herencia para ellos, y para ejecutar a personas cuyas prácticas depravadas y desprecio del Dios verdadero habían hecho que Jehová ya no las considerara dignas de vivir (Deu. 7:1, 2,*5; 9:5; Lev. 18:24,*25). No obstante, se mostró misericordia a Rahab y a los gabaonitas porque demostraron fe en Jehová (Jos. 2:9-13; 9:24-27). En el pacto de la Ley, Dios estableció reglas para la clase de guerra que aprobaría, y estipuló excepciones y cómo debería efectuarse este guerrear. Aquellos conflictos fueron verdaderamente guerras santas de Jehová. Eso no es cierto del guerrear carnal de ninguna nación de hoy día.

Al establecerse la congregación cristiana, surgió una nueva situación. Los cristianos no están bajo la Ley de Moisés. Los seguidores de Cristo habían de hacer discípulos de gente de todas las naciones; por eso, con el tiempo habría adoradores del Dios verdadero en todas aquellas naciones. Sin embargo, ¿qué motivo impulsa a tales naciones cuando van a la guerra? ¿Es llevar a cabo la voluntad del Creador de toda la Tierra, o es adelantar algún interés nacionalista? Si los cristianos verdaderos de una nación fueran a guerrear contra otra nación, estarían peleando contra compañeros de creencia, contra personas que pedirían ayuda en oración al mismo Dios a quienes ellos pedirían ayuda. Apropiadamente, Cristo mandó a sus seguidores que depusieran la espada (Mat. 26:52). Desde entonces en adelante él mismo, glorificado en los cielos, llevaría a cabo la ejecución de los que desafiaran al Dios verdadero y Su voluntad. (2*Tes. 1:6-8; Rev. 19:11-21.)