[EL DIOS EMOTIVO, comentario 63]
El estudio profundo de la obra creativa del Todopoderoso se impone, para algunos investigadores reverentes, como una necesidad provechosa para el hombre incluso en el ámbito religioso, ya que al tratar de recrear los sistemas inteligentes o de emular cualquier diseño natural, el ser humano sensato se daría cuenta de la formidable envergadura que supone una tarea de esa índole y percibiría con más claridad sus propias limitaciones en cuanto a capacidad tecnológica y de ingeniería. Ese mayúsculo contraste entre lo que él puede lograr y lo que el Sumo Hacedor ha logrado reforzaría su respeto reverente hacia la admirable persona del Creador. No extrañaría, por tanto, según tales investigadores creyentes, que la ciencia humana del futuro tuviera como principal objetivo el estudio de la obra cósmica y terrestre de Dios, en un esfuerzo por comprender la excelencia de dicha obra y derivar así una sana veneración hacia el Ingeniero Supremo. Por otra parte, la tecnología constituiría un apoyo inestimable a la experimentación científica, en el interés del adelantamiento cognoscitivo. Sin embargo, como efecto colateral secundario y apetecible, el esfuerzo científico y tecnológico proporcionaría al ser humano un altísimo dominio del medio, pero siempre sometiéndolo a total armonía con el orden natural diseñado por el Creador.