La Ley de Dios no permite desigualdad ninguna entre los hombres, pues la Ley de Dios así nos dice:
"todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque ésta es la ley y los profetas". (Mateo 7:12)
Todo lo que queremos que hagan con nosotros los hombres, debemos hacerlo nosotros con ellos, esto es, cuando vivimos en la miseria deseamos que los ricos repartan todo lo que tienen con nosotros, entonces debemos repartir todo lo que tenemos entre los pobres, y eso también lo mandó Jesucristo, pues así les dijo a los hombres ricos:
"Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico. Al ver Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!" Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. (Lucas 18,18-24)