Deduzco que para ti lo bueno es ceñirse lo que dice la Biblia. ¿Pero ceñirse al pie de la letra? No hace mucho discutíamos sobre el diluvio y tú sostenías que fue una inundación local mientras el texto bíblico no deja lugar a dudas sobre su alcance universal.
Ceñirse a la Biblia podría estar muy bien si la Biblia fuera un texto fiable; pero no lo es. Lo que entendemos por “Biblia” es una colección de escritos, cada uno de su padre y de su madre, compuestos a lo largo de los siglos por gente supersticiosa, crédula, por lo general profundamente inculta y en el mejor de los casos dotada de los conocimientos científicos propios de la época en que escribían. Así no es de extrañar el relato de la Creación, los milagros o las resurrecciones. Hay otro matiz: seguir la Biblia en sus aspectos sociomorales. Ahí, aunque no sea más que parcialmente, sí podría estar de acuerdo pero digo “parcialmente” porque me refugio sólo en el Nuevo Testamento. Recuerda las matanzas ordenadas por Jehová contra los madianitas por ejemplo. Un dios que ordena matar a viejos, mujeres y niños no puede ser Dios. (O tal vez sí, que ahí tendríamos campo sobrado para pasarnos toda una vida discutiendo y argumentando) Y luego viene otra cuestión: ¿quién decidió qué escritos estaban “inspirados” y cuáles no? Porque evangelios, epístolas y crónicas bíblicas hay más que chinches en el catre de un cuartel. Pero hubo un Ireneo de Lyon, que fue el que sentó a finales del siglo II las bases sobre las que el Concilio de Nicea decidió cuáles sí y cuáles no eran los libros inspirados. ¿Crees que si Dios nos hubiera querido dar instrucciones claras no nos habría dado algo escrito de su puño y letra, como a Moisés?
Pero metes un párrafo según el cual todo el que crea que la muerte de Jesucristo nos ha redimido queda fuera de todo castigo porque en eso consiste la redención. ¿Y si peca otra vez? Entonces no; entonces va al infierno ¿verdad? Y ya no puede arrepentirse porque aunque lo haga no le vale para nada. Vamos a casos concretos: Amenofis II fue según cuentan las crónicas un hombre ejemplar; si no cometió pecado alguno ¿fue al cielo o al infierno? Otro, Ramsés II que parece que fue malísimo ¿fue al cielo o al infierno? Recuerda que ninguno de los dos había oído jamás hablar de Jesucristo. El último punto es muy sencillo; dices que “el único requisito es creer que Jesucristo es la ofrenda por el pecado y que todo pecador que se acerque a Él, queda justificado y apartado para Dios”. Esa idea de Lutero me parece de chascarrillo: mata y fornica a placer, pero cree y verás cómo no te pasa nada.





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