He tenido infinidad de problemas a lo largo de mi vida: con un Volkswagen que me compré de segunda mano; con los ruidos de a vecina de arriba; con la declaración de la renta; con la secretaria de mi jefe... Pero con Dios, ni uno. Debo suponer que llegáis a esa conclusión por las cosas que digo. ¿Seríais tan amables y podríais decirme dónde meto la pata?





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