El 15 de marzo de 1939, dos semanas después de la subida de Pacelli al solio pontificio, Hitler ocupó Praga —frente a lo cual Pío XII deseaba «esforzarse con ahínco por una política más comprensiva respecto al Tercer Reich— destruyendo con ello Checoslovaquia a quien había fustigado tildándola de portaviones de la Unión Soviética, contemplándola definitivamente, desde la «Reincorporación» de Austria al Reich, como próximo objetivo de su política
rapaz.
«Nos alegramos por la grandeza, el auge y la prosperidad de Alemania
y sería falso afirmar que Nos no deseamos una Alemania floreciente, grande
y fuerte»
(Pío XII el 25 de abril de 1939)
«Nos hemos amado siempre a Alemania, donde nos fue dado vivir por varios años, y ahora (!) la amamos todavía mucho más. Nos alegramos por la
grandeza, el auge y la prosperidad de Alemania y sería falso afirmar que Nos no deseamos una Alemania floreciente, grande y fuerte».
«Uno de los mayores responsables de la tragedia de mi país es el Vaticano.
Fue demasiado tarde cuando yo me di cuenta de que habíamos seguido
una política que únicamente estaba al servicio de los propósitos egoístas de
la Iglesia Católica»
(El ministro de AA EE polaco, coronel Beck)
Impulso extraordinario cobraron también los nuevos apetitos depredadores del Duce, quien ya había anunciado pretensiones territoriales sobre Túnez, Córcega y Niza. El papa volvió a evitar nuevamente toda palabra de condena con motivo de su nueva invasión, la de Grecia. Es más, dos días más tarde, el 30 de octubre, concedió una audiencia a 200 oficiales italianos, «representantes de las fuerzas armadas italianas», asegurando que era para él un honor bendecir a hombres que «sirven a su patria con fidelidad y con amor».
«Lo han jurado. Han de prestar obediencia»
(Pío XII refiriéndose a los soldados de Hitler)
«Vosotros, cruzados voluntarios de una nueva y noble (!) sociedad, ¡levantad
los nuevos estandartes de la renovación moral y cristiana, declarad la
guerra a un mundo que se aparta de Dios!»
(Pío XII en su mensaje navideño de 1942)
¡Vivan los croatas!»
(El papa Pío XII)






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