Nuestras relaciones familiares y de amistad con otras personas nos pueden ayudar a entender el Corazón de Dios y su relación con nosotros. Puesto que todos nosotros le pertenecemos a Él, su relación con nosotros abarca todas nuestras relaciones humanas, . . . Si pudiéramos entender cuánta alegría, deleite y gloria le damos al Corazón de Dios cuando nos damos tiempo para visitarlo durante la semana en el Santísimo Sacramento, no querríamos núnca alejarnos de su Presencia Eucarística, . . . Si tan sólo supiésemos cuánto nos ama Dios en el Santísimo Sacramento, nos moriríamos de felicidad, porque Él nos dice a cada uno de nosotros:

"Con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia para tí" (Jer 31,3)

"Porque Yahveh se complacerá en tí" (Is 62,4)

Por ello, "Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único" (Jn 3,16)
"La Palabra se hizo carne y puso su Morada entre nosotros" (Jn. 1,14)

Jesús al hacerse uno de nosotros escogió el nombre Enmanuel "que traducido significa: Dios con nosotros" (Mt 1,23) porque desea estar con nosotros mucho más de lo que nosotros deseamos estar con las personas a las que amamos, . .

Esto nos ayuda a entender la razón de lo que hizo el Jueves Santo en la noche, la víspera de su muerte: SU CORAZÓN NO PUDO SOPORTAR SEPARARSE DE NOSOTROS.

San Juan nos dice que Jesús mostró lo profundo de su amor instituyendo la Sagrada Eucaristía para poder venir a nuestros corazones en la Santa Comunión y permanecer para siempre entre nosotros en el Santísimo Sacramento que es la prolongación de su encarnación sobre la tierra.

El mismo Jesús que nació hace 2000 años en Belén, que murió en la Cruz por nuestros pecados y que resucitó el Domingo de Pascua, está realmente presente, corporal y personalmente, en el Santísimo Sacramento.