Cuando mientes descaradamente sobre las palabras del evangelio, como lo haces tú,
lo único que resta es hacértelo ver.
Y luego consideras que decirte la verdad es maldad.
Pues tú apuntas con el dedo a todos quienes te rodean, e insistes como una mula en tus falsedades.
Eso ya es tontera, porque tu tontera no te da para otra cosa.





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