Por la lectura de la Biblia sabemos que el pueblo judío era politeísta. Por los pueblos que pasaba en su peregrinaje a la “tierra prometida”, no tenía inconveniente en adorar a sus dioses; principalmente, si las mujeres de ese pueblo eran bellas.

El único monoteísta era Moisés. Así le resultaba más fácil decir que Dios le había hablado y dado mandamientos, con los cuales mantenía a raya a su difícil pueblo.

Por los sucesos que se leen en la Biblia, parece ser que Moisés tenía un gran conocimiento y práctica del uso de los venenos.

Era un dios inventado, pero bendecía las barbaridades que los judíos cometían para adueñarse de la “tierra prometida”. Jehová iba al frente de los ejércitos israelitas (a otro perro con ese hueso).

Los incautos cristianos se creyeron el invento y, puestos a inventar, inventaron un hijo al tal Jehová; con un tercero de la familia divina: el Espíritu Santo.

Según la teología del cristianismo, el hijo se hizo hombre y murió por el hombre. En cuanto al porqué de su muerte, no se ponen de acuerdo los cristianos.

Los motivos podrían encontrarse en el Antiguo Testamento, pero estos libros no caen bien a muchos cristianos.

Sea por los motivos que sean (haberlos, los hubo), mataron al tal Jesús (así se llamaba el dios encarnado). Lo que no se entiende es qué motivos había para que sus apóstoles (menos uno) murieran asesinados.

Parece ser que el Espíritu Santo solamente valía para matar a un pobre matrimonio que quiso hacer una pequeña trampilla económica ¡Con la cantidad de fraudes que se harían por aquella época!