Es lamentable lo que voy a decir, pero los hijos suelen ser la proyección y el resultado de lo que sucedió en la operación del divorcio. Sobre todo en los problemas que acontecen en la adolescencia. Posteriormente y por sus propias fuerzas, sin depender de los padres, esos adolescentes hechos adultos logran enderezar sus vidas.

Como he establecido en alguno de los post anteriores, el divorcio atraviesa por etapas. Erosión, fractura, emergencia y duelo. Los hijos que no son para nada responsables de las separaciones padecen estas etapas también y se ven afectados.

Durante la erosión de la relación, las parejas se hacen cosas, violencia, desencuentro, desamor, maltrato, conflicto. Los hijos suelen atravesar por este periodo de conflicto, suelen vivirlo. Cuando no el propio maltrato de los padres, de uno de ellos o lo que es peor el uso de ellos como aliados contra el otro. Por eso cuando ya no hay salida, si la pareja llega a la fractura, lo mejor es lograr las condiciones para que en separación ambos puedan intervenir en la educación de los hijos ejerciendo paternidad y maternidad.

Pero el mundo no es ideal. En una gran cantidad de casos él abandona y deja a la mujer la tarea, en otros casos ella en venganza impide o pone las cosas para que él casi no los vea. Hay pocos acuerdos donde el equilibrio se logra, Porque hay rivalidad, porque el amor inicial se volvió un desconocer al otro. En esa disputa los principales afectados son los hijos.

Hijos sin atención son el principal foco de drogas, embarazos adolescentes, depresiones y suicidios. Carreras truncadas porque el síndrome de una pareja divorciada es "Ya para qué" "¿De qué me sirve?" Dejan de depender del apoyo el aliento de los padres y quedan a merced de su propia reacción, la que llega o jamás llega.