mmmm,
entre bozales, panes mohosos, y otros tantos apodos realmente se nota
que, valga la redundancia, definitivamente no es que se te acabaran los argumentos, sino que jamás los tuviste.
Detrás de esa cáscara frágil, semejante a las de las gallinas que aún no eclosionan, lo primero que estos niñitos aprenden es, o a poner la pata encima, que les encanta, o retirarse, esconderse dentro de su huevo, y desde ahí piar en formato ladrido.
Eres patético, estimado amigo, me siento obligado a decírtelo.
Jamás comprenderás la inmensidad de La Nada.