Será un cuerpo de carne y huesos semejante al de Jesucristo resucitado.
"Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo." (Lucas 24:39)
El ego es un eje demasiado débil para hacer girar nuestra vida en torno a él.