Sí, es una terrible patología y Jesús, al parecer, pensaba exactamente igual.
El Evangelio está lleno de historias y pasajes que lo demuestran
Por ejemplo, cuando nos advierte del fariseo que se creía superior.
"El fariseo puesto en pie, oraba para sí de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores, injustos, adúlteros; ni aun como este recaudador de impuestos." (Lucas 18:11)
También está la parábola del que invita a su boda a cuanta gente pase por la calle.
Y qué decir de que las prostitutas y los cobradores de impuestos irían por delante de los que se creen elegidos para entrar en el reino de Dios.
Inclusive cuando a sus apóstoles les hablaba de que eran "la sal de la tierra" o "la luz del mundo", lo hacía en el contexto de que, como sal, su existencia se justificaba en salar a la Tierra. O como lámpara, en iluminarla. No en guardarse para sí el sabor ni la luz. No para ser servidos, sino para servir.
Todos somos ELEGIDOS en algún sentido: todos tenemos un talento, una circunstancia, un recurso que no fue producto de nuestro trabajo sino que nos vino en la gran lotería de la vida (o que nos dio Dios, como pensamos los creyentes). Pero ser elegido significa poder ofrecer algo bueno al mundo.





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