Te entiendo.
Espiritualmente sigo siendo amante de los árboles de Navidad. Con otro grado de madurez, tú y otros han pasado al gusto por especies más nobles y sobrias.
Aún así, me entusiasma pensar que existe todavía una especie desconocida para ti y para mí, un "Arbol de la Vida", que tú reconocerás mucho antes que yo, pero del que finalmente los dos (o más probablemente nuestros nietos) algún día comerán.





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