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O...
Como diría Fernando Reberendo:
Los signos son efectos: efecto de un cuerpo sobre otro en el espacio, o afección; efecto de una afección sobre una duración, o afecto.
Tras los estoicos, Spinoza rompe la causalidad en dos cadenas bien distintas:
los efectos entre ellos, a condición de aprehender a su
vez las causas entre ellas. Los efectos remiten a los efectos como los signos a los signos:
consecuencias separadas de sus premisas.
Así, no sólo hay que comprender «efecto» causalmente, sino también ópticamente.
Los efectos o los signos son sombras que actúan en la superficie de los cuerpos, siempre entre dos cuerpos. La sombra siempre está en la linde.
Siempre es un cuerpo el que hace sombra a otro. Así que conocemos los cuerpos por su sombra sobre nosotros,
y nos conocemos a nosotros mismos y nuestro cuerpo por nuestra sombra.
Los signos son efectos de luz en un espacio atestado de cosas que van chocando al azar.
Si Spinoza se distingue esencialmente de Leibniz es
porque éste, cercano a una inspiración barroca, ve en lo Oscuro («fuscum sub nigrum») una matriz, una premisa, de donde saldrán el claroscuro,
los colores y hasta la luz.
En Spinoza, por el contrario, todo es luz, y lo Oscuro no es más que sombra, un mero efecto de luz, un límite de la luz sobre unos cuerpos que la reflejan (afección) o la
absorben (afecto): estamos más cerca de Bizancio que del Barroco. En vez de una luz que sale de los grados de sombra por acumulación del rojo, tenemos una luz que crea grados de sombra azul.
El propio claroscuro es un efecto de esclarecimiento o de oscurecimiento de la sombra:
son las variaciones de potencia o los signos vectoriales los que constituyen los grados de claroscuro, pues el aumento de potencia es un esclarecimiento, y la merma de potencia un oscurecimiento.
Gracias Reberendo.
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