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El fruto del espíritu es cultivar tus potencialidades, tu voluntad de poder, el conatus. Cuando le das duración a la elaboración, he ahí que no habrá leyes contra tu grandeza.
Seguido de ésto están quienes creen dominar sus emociones, las emociones son la base de nuestras decisiones y la razón está ahí como simple burócrata para ejecutar al final del camino, la explicación. Cambiar la producción deseante está ligado a experimentar; el cuerpo sabe, él ya decidió todo antes que un simple administrativo, Don Razón, decida traducir con la pobreza de las palabras, la inmensidad de las sensaciones.
Pero bueno, están quienes prefieren el autoengaño: le llaman autodominio a ser una servil oveja dominada por quienes le marcan el camino.
Los impulsos, ellos que no son malos ni buenos, son fuerzas en relación, en tensión y en armonía; pero hay quienes quieren aprobación, he ahí cuando se estanca el agua hasta pudrirse, y claro, el agua estancada no tiene nada relevante que comentar, parece tan apacible y calmada, y en realidad está llenándose de huevos de mosquitos, mosquitos que saldrán a chupar sangre.
Pero hay una droga muy dañina, ella es la moralina, y ella pretende imponer valoraciones a la fuerzas del cuerpo, doblegarlas a inútil peso muerto, ¿y en esa persona qué queda sino un camello? La impotencia del Deber, muere el potente YO QUIERO, justo: el que lleva al YO JUEGO.
Al menos los desdichados por cargar con la obediencia son la horda caminante que en masa son el desafío del que sabe desobedecer, alineado con Gaia, la Vida, quiere expresar su voluntad en todo su esplendor, es fuerza afirmativa de su vitalidad y por eso sabe cómo moverse entre cadenas hasta irlas rompiendo, y de todo castigo hace también algo afirmativo, es Creador porque es Creativo, Poiesis le dijeron hace unos centenios: la Creación - ¿y quiénes son entonces los Poetas sino también los Poietai?
Pese a las circunstancias quien posee un deseo fuerte no tiene rivales, El Deseo, la fuerza creadora, activa; en esa fuerza está lo único digno de obedecer. Así en Ella ''cumple tus deseos'' tiene sentido, y no hay que agachar la cabeza al monstruo de lo universal, al monstruo de lo trascendental, al monstruo de lo esencial, ni al dual, ni ése del Duat.
No hay gobierno mundial, no hay reino que pueda contra el deseo de aquellos que se alejan de su humanidad para volverse puentes a algo más,
no hay libro más sagrado que el conatus, aquél afirmativo de la voluntad.
Desde el conatus no hay un rebaño que me haga caer a su tristeza respecto del sufrimiento, sino que el sufrimiento es origen para lograr poiesis, para ser poeta, para ser Creador. Por suerte ya no hay esperanza, que esperen los pasivos; Gaia es Naturaleza, y Ella es derrochadora sin miramientos, no hay mejor inspiración para hacer con lo más elevado de nuestro espíritu, nuestro cuerpo, las obras de artes más gloriosas.
La compasión es para los débiles, los inmóviles, no hay mejor fuente de gloria ante el sufrimiento que hacer máquina con los deseos, la máquina deseante está bendecida por el Flujo Universal, Panta Rei, el único y verdadero Rey.
No oiga a los rebaños, que frente a engañosos sistemas se paralizan ante promesas y promesas, y desde ahí creen ser rebeldes y verdaderos héroes; no hay mayor victoria para la Tristeza y la Angustia que los humanos se creyeran tales mecánicas. Lo que antes era digno por afirmativo, hoy quiere venerarse por hacernos pasivos, impotentes.
Sí oiga a las manadas, ellas han siempre dado mejoras a las decadencias de los cadáveres que apoyaban los charcos de agua poco profunda estancados en la espera de un sol que los evaporara. La manada es la ola que rompe rocas siendo agua.
Siempre los hubo, los que te amenazan con castigos metafísicos, hablan de justicias de otros mundos, de nada real; así es, amenazan, porque tienen miedo y prefieren volverse seguidores de un fantasma fútil para sentirse valiosos actuando como lápidas. Su única gloria es poder amenazar con algo que jamás nadie verá, la amenaza que no es falsable no tiene fuerza ninguna, sólo más promesas: la deuda eterna, las ficciones con las cuales nada útil puede hacerse más que culparse y amenazar. La moral del rencor es la moral del rebaño: universal, esencial, trascendental, y casi siempre además: dualista.
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