Para no pasarnos de los límites del traductor al campo de la exégesis, hemos obrado con gran cautela respecto a verter el nombre divino en las Escrituras Griegas Cristianas, y siempre hemos considerado cuidadosamente las Escrituras Hebreas como fondo o antecedente. Hemos buscado acuerdo con nosotros en versiones hebreas disponibles de las Escrituras Griegas Cristianas para confirmar nuestra traducción.
El Tetragrámaton en caracteres hebreos (יהוה) se usó tanto en el texto hebreo como en la Septuaginta griega. Por lo tanto, fuera que Jesús y sus discípulos leyeran las Escrituras en hebreo o en griego, se encontrarían con el nombre divino. En la sinagoga de Nazaret, cuando Jesús se levantó y aceptó el libro de Isaías y leyó 61:1, 2, donde se usa el Tetragrámaton, pronunció el nombre divino. Esto estaba de acuerdo con su resolución de dar a conocer el nombre de Jehová, como se puede ver por su oración a su Padre: “He puesto tu nombre de manifiesto a los hombres que me diste del mundo. [...] Yo les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer”. (Jn 17:6, 26.)
Hemos vertido el nombre divino 237 veces en el cuerpo de nuestra traducción de las Escrituras Griegas Cristianas. En las diversas versiones hebreas se ha hallado respaldo para cada una de esas 237 restituciones en el cuerpo del texto.
LO QUE YO ENSEÑO NO ES MIO
PERTENECE AL QUE ME ENVIO” (Juan 7:16.)