En vista de que las Escrituras Griegas Cristianas
son una continuación inspirada por Dios
de las Escrituras Hebreoarameas,
no parece lógico que de pronto
desaparezca su nombre del texto.
A mediados del primer siglo,
el discípulo Santiago les dijo a los ancianos de Jerusalén:
“Symeón ha contado cabalmente cómo Dios
por primera vez dirigió su atención a las naciones
para sacar de entre ellas un pueblo para su nombre” (Hechos 15:14).
Si en el siglo primero
nadie conocía o usaba el nombre de Dios,
¿qué sentido habría tenido que Santiago hiciera esta afirmación?
LO QUE YO ENSEÑO NO ES MIO
PERTENECE AL QUE ME ENVIO” (Juan 7:16.)