No se trata de olvidar lo demás. De lo que se trata es de descubrir los escritos que contienen mandatos que son contrarios a los mandamientos del Evangelio y comprender que esos mandatos no son de Dios sino de hombres.
Los escritos que contienen profecías, hechos históricos, enseñanzas de sabiduría, etc, son muy respetables y son útiles siempre que no enseñen mandatos que sean contrarios a los mandamientos de Jesús.
La verdad es la enseñanza de Jesús, y lo que no es verdad son los mandatos que son contrarios a los mandamientos que Jesús enseñó.





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