Pues bien, ¿qué hay de nuestro más grande ejemplo, el “Agente Principal y Perfeccionador de nuestra fe, Jesús”? ¿Conocía las Escrituras inspiradas como todos los profetas y otros hombres fieles que le antecedieron? Sí, como claramente lo muestran sus muchas referencias a ellas y su derrotero de vida en armonía con las Escrituras.
Fue teniendo presente la Palabra de Dios como él se presentó para hacer la voluntad de su Padre aquí en la Tierra: “Aquí he venido, en el rollo del libro está escrito de mí. En hacer tu voluntad, oh Dios mío, me he deleitado, y tu ley está dentro de mis entrañas”. (Heb. 12:2; Sal. 40:7,*8; Heb. 10:5-7.)
Así, la Palabra de Dios desempeñó un papel clave en la santificación o separación de Jesús por Jehová para su servicio. Jesús pidió en oración que a sus seguidores también se les santificara: “Santifícalos por medio de la verdad; tu palabra es la verdad. Así como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y me santifico a favor de ellos, para que ellos también sean santificados mediante la verdad”. (Juan 17:17-19.)





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