Senilidad; siempre fue ese el motivo que buscabas, Nietzscheano. Todos lo sabíamos, pero ninguno tuvo el valor de decirlo. No sé qué tanto estábamos dispuestos, pese a su condición, a tolerar sus desaires.
Ya había dicho yo que seguirle el juego era como hacer voluntariado... a mí ya me puso en ignorados, yo ya cumplí.
Con este caso recuerdo eso de "Cómo me ves, te verás..." ¡Qué miedo!