Fui muy amigo de un sacerdote muy simpático en Palenque (Chiapas).

Era tahur (lo conocí en mi época de jugador de dominó).

Era mujeriego.

Era borracho.

Pero era muy simpático y todos en su pueblo lo querían.

Duró ahí más de 20 años, hasta que le llegó la edad de jubilarse.

Corrimos interesantes parrandas juntos, que yo, entre copa y copa, aproveché para entender más del cristianismo...

¿No habría forma de que se revisara este asunto para que los párrocos y curas en general tuviesen más credibilidad?