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Hay un fallo que los viejos no veis y que es lo que nos da a los jóvenes esa superioridad sobre vosotros.
Los jóvenes no sabemos que la vejez existe, ¡No nos interesa! No intuimos ni la muerte ni las arrugas. Para nosotros la vida es eterna y está a nuestro servicio. Somos irrompibles y en caso de que se nos rompa algo, se arregla sólo y sin complicaciones. El amor, la pasión y el sexo se han creado para nosotros, no necesitamos buscarlo porque lo llevamos en la mirada. Nuestro problema es luchar contra el exceso de amores y pasiones. No necesitamos recordarnos a todas horas que estamos vivos puesto que la vida no es un regalo para nosotros; la vida nos ha sido impuesta para devorarla sin pensar en su principio o su fin. Para nosotros "el mañana" es lo inmediato y el ayer no nos preocupa.
El viejo procura alejar sus temores sobre la cercanía de la hora postrera y eso lo debilita. Cierto es que la experiencia del viejo no la tiene el joven, pero...¿Para qué necesita un joven toda esa experiencia si tiene toda la vida por delante para equivocarse?
El viejo tiene prisa por revivir lo olvidado, por recuperar el pasado, por devolver a su mente lo que antes imaginó que podría sucederle.
Los jóvenes vivimos sin importarnos la vida.
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