Ya va siendo hora de que los integrantes de la Iglesia Católica Apostólica Romana, dejen de mirarse tanto al ombligo. ¡Como si ellos fueran los únicos y verdaderos herederos de la fe en Cristo! A nadie convencen con tanto afán por autoalabarse, el único que es digno de alabanza es el propio Señor Jesucristo, a Él sea la Gloria por los siglos de los siglos. Amen.