
Iniciado por
Dixie
Parafraseando tu comentario, lo combino de otro modo: Dios no puede condenar porque si Dios es Amor, está claro y es evidente que el que te quiere no te condena.
Por lo que, cabría pensar que más bien uno se autocondena, por así decirlo:
El único fin de la historia es la salvación; ésta es, por consiguiente, el objeto propio de la escatología. Por eso, la Iglesia, que se cree autorizada a proclamar la salvación definitiva de muchos de sus miembros –las canonizaciones no son otra cosa-, no ha osado jamás emitir paralelamente un veredicto de condena definitiva. Así pues, el punto de partida ha de ser la no procedencia de la muerte eterna de la voluntad de Dios; desde ahí verificamos la posibilidad de comprender el infierno como la sanción inmanente de la culpa. Así hacemos justicia a las enseñanzas de la revelación.