Amar a Dios, es confiar en su Temor, en su misericordia, en su perdón. Es entender sin razón o sentido común.
Nosotros somos los niños del Universo, y al creer que dejamos de ser niños, perdemos la inocencia.
Dios Quiere Reyes y Sacerdotes en el Cielo, con corazón de niños, que teman, no necesariamente por un dolor experimentado sino por el hecho de reconocer su Gloria.





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