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Alguien que ha profundizado mucho es Deleuze...
¿Qué podemos decir a la hora de pensar en espiritualidad que no caiga en lo inútil tan rápido?
Un buen punto de partida lo ha mencionado Deleuze:
Deleuze recurre aquí a la antigua imagen de las tiradas de dados de los dioses que lanzaban al azar el destino de los hombres. Ahora bien, para Deleuze, debido a este proceso de disyunción del presente y del pasado en cada repetición de la diferencia que se repite a sí misma, el mayor orden de multiplicidad y diversidad actualizada exige que sea única la tirada de dados con la que da comienzo la existencia y la realidad misma, tanto de lo virtual como de lo actual. Esto equivale a la afirmación de la unidad de la diferencia que sólo puede actualizarse “disyuntándose” en dos caminos heterogéneos: uno virtual y otro actual. O lo que es lo mismo, la realidad tanto virtual como actual está recorrida por un devenir constante que asegure la inmanencia de esta tirada de dados única actualizada en cada nueva repetición de la diferencia. Toda diferenciación entre seres y procesos remitirá a esta única tirada de dados, a este único mundo en el que vivimos, ya que para Deleuze no hay otro más que éste. No existe ninguna trascendencia externa al mundo, ni tampoco interna al mismo al modo de una fisura o grieta del ser.
Para Deleuze, al igual que para Spinoza, todo en el mundo es pura positividad y pura potencia, no en el sentido aristotélico de no-ser-aún, sino en el puramente científico de poder-actuar-en-cualquier-momento. Se trata de una positividad absoluta reelaborada por Deleuze para superar tanto la negatividad de la dialéctica hegeliana y su tergiversación de la diferencia en contradicción, como el no-ser que se adjudica a la diferencia en las teorías de la representación de la filosofía moderna. Ahora bien, si para Spinoza todos los seres no eran sino modos de los atributos infinitos de Dios, que expresaban la esencia misma de lo divino (el tan referido panteísmo spinozista), en cambio, para Deleuze todos los seres presentemente actualizados expresan la unidad de la tirada de dados que es la diferencia. Se llega a una inmanencia tal, en la que es obligado afirmar que la diferencia real no tiene porqué ser numérica, pues lo numérico será simplemente uno de los modos de lo real: «Los atributos son realmente distintos; luego la distinción real no es numérica; por lo tanto, no hay sino una substancia para todos los atributos» [Deleuze 1996: 30]. Además, de esta inmanencia absoluta que implica la univocidad del ser —todo lo que es, se dice del mismo modo, y por lo tanto, tanto de Dios como del hombre se dice que son con el mundo de la misma manera— Deleuze prosigue su análisis de Spinoza hasta llegar a la distinción de un conocimiento adecuado y uno inadecuado:
La idea adecuada es la idea que expresa su propia causa y que se explica por nuestra propia potencia. La idea inadecuada, es la idea inexpresiva y no explicada: la impresión que no es aún expresión, la indicación que no es aún explicación. [Deleuze 1996: 147].
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