
Iniciado por
Wigberto
Bueno, como digo, la criatura es un ateo. Para mí lo es porque niega de facto la existencia del único Dios, por tanto aunque deje la posibilidad a creer en otra deidad, dicha deidad no existe. Por tanto, ateo. Pero, con el propósito de que nos comprendamos mejor le diré agnóstico.
El problema que tiene este individuo es que se cree superior, piensa que lo que él piensa debe estar por sobre la verdad y debido a que cuando lee las escrituras no encuentra que estas digan lo que él quiere, entonces las niega. Porque piensa que la realidad tiene que coincidir con lo que él particularmente siente que debe serlo. Así, le parece locura lo que no puede entender.
No puede entender que existe Dios que tiene sentimientos, una personalidad. Como muchos incrédulos, que no pueden entender que Dios haga cosas que no coinciden con sus sentimientos particulares sobre lo que es correcto o incorrecto. Dicho de este modo, un ente egocéntrico este que se dice doonga, cuya única deidad a la que obedecería sería a sus propias pasiones.
Pero, como digo, es lo que pasa a muchos religiosos, que quieren una deidad a medida que coincida con lo que ellos piensan que es correcto o incorrecto, o con lo que ellos esperan que sea el funcionamiento de las cosas. No buscan contemplar la verdad, obviamete, sino aumentar su ego y seguir pensando que tienen razón aunque habitan en un error. Los tales dicen ser teístas, pero con sus hechos lo niegan, porque su deidad son sus sentidos carnales.
No diferente a un ateo, cuando los tales se aferran al arduo trabajo propio, al amor recibido por hombres, al reconocimiento, o a la obediencia a líderes siguiendo la naturaleza gregaria o social humana no hacen más que dejarse llevar por lo que sus cuerpos terrenos les piden, alejándose del verdadero conocimiento de las escrituras. De modo que se dicen de sí mismos teístas y segudores de las escrituras, pero en realidad son seguidores de un ídolo como lo es Jehová y de hombres idólatras como el llamado cuerpo gobernante.
La diferencia simple es que unos se creen maestros elegidos enviados a instruir a los hombres y los otros, como doonga, se sienten la deidad de su propio planeta.