Bueno, los cristianos que se interesan en su salvación
sin duda también querrán considerar la declaración de Jesús de que
“el que persevere hasta el fin, éste será salvo.
Y el apóstol Pablo comenta de modo parecido:
“Porque somos hechos participantes de Cristo
con tal que retengamos firmes hasta el fin nuestra confianza del principio.”—Heb. 3:14
Vez tras vez el apóstol Pablo
compara el curso o proceder del cristiano a una
“carrera” en la que hay que correr hasta el fin.
“Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,” instó a los hebreos. (Heb. 12:1
Para entrar en la carrera,
los pecadores tienen que dar los pasos necesarios para la salvación:
oír y aceptar la Palabra de Dios,
creer en Jesucristo
y en su sacrificio de rescate,
arrepentirse de sus pecados y bautizarse
¿es posible dejar de tener empuñada la vida, de perder el dominio de ella?
Pablo contesta esa pregunta:
“Ya saben ustedes que en una carrera todos corren,
pero solamente uno recibe el premio.”
Pablo indica que en la carrera cristiana,
el “uno” que recibe el premio es cualquiera que termina la carrera.
Por eso Pablo insta:
“Corran ustedes de tal modo que reciban el premio.”
Entonces, usándose a sí mismo como ejemplo para hacer entender su ilustración, continúa diciendo:
“Yo castigo [aporreo] mi cuerpo y lo obligo a obedecerme,
para no ser yo mismo descalificado después de haber enseñado a otros.
—1 Cor. 9:24-27, Versión Popular.
Se hace patente que el apóstol, que seguramente era un cristiano “salvo,”
creía que él podía ser “descalificado” de la carrera.
No obstante, mientras siguiera
‘corriendo de tal modo que pudiera recibir’ el premio,
y así permaneciera en la carrera, se le aseguraba la salvación.
LO QUE YO ENSEÑO NO ES MIO
PERTENECE AL QUE ME ENVIO” (Juan 7:16.)