El poder de la oración.
Como las veces que fui desoído fueron tantas como las veces que solicité algo por medio de la oración, llegué a caer en una profunda decepción.
La solución llegó cuando un día me encontré con un viejo amigo de juventud.
Entre las muchas cosas que hablamos salió el tema de la oración. Mi amigo, una vez se percató de mi decepción en este tema, fue contundente y explícito: “Tomás, la oración no se basa a qué santo le roguemos, ni que grado de fe pongamos. Se basa en qué solicitemos”.
Ante mi asombro, mi amigo habló con determinación y seguridad: “Tomás, voy a hacerte una demostración. Como vives en Madrid, reza todas las noches pidiendo que al día siguiente no haya cocodrilos en la puerta de tu casa. Pasado un mes me llamas con los resultados”.
Han pasado dos meses y puedo decir que mi amigo estaba en lo cierto. Ningún día he visto cocodrilos en la puerta de mi casa.
La Verdad nos hará libres.