Cita Iniciado por Jandulilay Ver Mensaje
Toda persona incrédula en los relatos bíblicos, cree mucho más en los relatos extrabíblicos,para alimentar su incredulidad y tener una base para defenderse.
Existe razón para que en todas las religiones más antiguas y populares del mundo existan similitudes,relieves con una mujer, tallas,o relieves con mujeres y un niño en el regazo, ¿no es esa una realidad?

Por otra parte muchísima gente incrédula en un dios inicuo que desea destruir al género humano y el planeta tierra, se mofa de que exista tal ángel que la Biblia lo identifique como el ángel de luz y dios de este mundo.
Según la Biblia es él quien preparó la obra de arte de la adoración falsa con similitudes a la verdadera. Y es así que millones de personas que dicen que su religión es la verdadera está engañado, tal como muy bien se está viendo con la navidad y otras fiestas de este mundo.
Los relatos de los llamados Evangelios de la Infancia, el de Mateo (capítulos 1 y 2) y el de Lucas (capítulos 1 al 3), nos ofrecen dos anclajes cronológicos: el primero, que aparece en Lucas 1.5 y en Mateo 2.1, afirma que Jesús nació en tiempos del rey Herodes el Grande (40-4 a. C.), y el segundo, en Lucas 2.1-2, que coincidió con el censo que, en tiempos de Augusto, Quirino llevó a cabo en la provincia romana de Siria, y del que también tenemos noticias por Flavio Josefo, historiador judío del siglo I d. C. que, tanto en sus Antigüedades de los judíos XVII.355 y XVIII.1.2.26.102 como en su Guerra Judía VII.253, menciona este censo y destaca su carácter novedoso y sin precedentes. Ahora bien: se sabe con absoluta certeza que Quirino solo fue gobernador de la provincia de Siria (que en ese momento ya incluía Judea) en el año 6 de nuestra era. Así pues, las dos noticias, el reinado de Herodes y el censo de Quirino, son incompatibles desde un punto de vista cronológico.

No obstante, se puede explicar la mención del censo como un recurso del evangelista Lucas para justificar la presencia de José y María lejos de su lugar de residencia en Galilea y su viaje hasta Belén, todo ello para hacer que se cumplieran las palabras del profeta Miqueas, que aseguraba que el Mesías habría de nacer en la ciudad natal del rey David.