Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna. Juan 3:16 (TLA)

El primer hombre, Adán, se rebeló contra la autoridad de Dios, y eso los llevó a él y a sus descendientes a la muerte. El apóstol Pablo explicó: Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos habían pecado, Romanos 5:12.

Pero Dios ama la justicia. Por eso, aunque no podía pasar por alto este acto deliberado de desobediencia, tampoco condenó para siempre a la humanidad a sufrir y a morir por culpa de un solo hombre. Más bien, equilibró la balanza de la justicia para poder devolver a los seres humanos obedientes la esperanza de vivir para siempre. ¿Cómo? Aplicando la norma de vida por vida Éxodo 21:23.
Adán perdió su vida perfecta, así que alguien tenía que ofrecer, o sacrificar, una vida equivalente a la de él, una vida perfecta y este fue el Hijo Primogénito de Dios.