Para ser salvos es esencial que aceptemos sinceramente la sangre derramada de Jesús.
Jesus dijo: Yo les doy vida eterna, y no serán destruidos nunca’. (Juan 10:28.)

(Juan 15:13) Nadie tiene amor más grande que quien da su vida por sus amigos.


El regalo del rescate nos demuestra que Jehová y Jesús
nos aman de verdad a cada uno de nosotros