Pero cada cual comete sus propios pecados, pues los pecados no se heredan. Jesucristo enseña en el Evangelio que cuando Él venga, pagará a cada uno según sus obras, no por los pecados de sus antepasados.
El pecado es no guardar los mandamientos de la verdadera ley que Dios dio a Moisés, que es la ley y los mandamientos que Jesucristo nos enseña en el Evangelio, no todos los mandatos que están escritos en el viejo Testamento, pues Jesucristo anuló del viejo Testamento el ojo por ojo, las penas de muerte, las guerras, los genocidios, la esclavitud y los sacrificios, y los abolió porque no eran verdadera ley de Dios, pues Jesucristo no había venido a abolir la verdadera ley de Dios, sino a darla a conocer plenamente.





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