
Iniciado por
Loma_P
Estamos haciendo referencia a testigos presenciales y pruebas históricas de los pueblos de la zona, no a los personajes del mismo cuento. Caperucita y el leñador también fueron testigos directos de cómo el lobo se comía a la abuelita de Caperucita Roja. Y Sancho Panza testigo directo junto con todo el pueblo de las alucinaciones de El Quijote.
La tradición lo considera médico de profesión, así como dotado para la pintura; probablemente, sin embargo, tal noticia no es sino la transposición al campo pictórico del arte con que Lucas supo describir a los personajes en sus textos. Su símbolo como evangelista es el toro. Son diversas las versiones sobre su muerte: unas tradiciones lo hacen sufrir martirio en Patrás; otras, en Roma; otras, en fin, en Tebas de Beocia.
El propio Lucas se excluye a sí mismo de las personas que fueron testigos directos de Cristo. Interesado por la verdad histórica, Lucas reprodujo en su Evangelio aquello que había oído directamente a los apóstoles y discípulos de Jesús: ... según nos lo transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y luego servidores de la palabra, también yo, después de haber investigado con exactitud todos esos sucesos desde su origen, me he determinado a escribírtelos ordenadamente (Lucas 1:2-2).
Si hay algo que nos hace iguales a los seres humanos es la enfermedad.
Veamos lo que se cuenta de Jesús:
“Y Jesús iba por toda Galilea, enseñando en sus sinagogas y proclamando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
24 Y se extendió su fama por toda Siria; y traían a El todos los que estaban enfermos, afectados con diversas enfermedades y dolores, endemoniados, epilépticos y paralíticos; y El los sanaba.
25 Y le siguieron grandes multitudes de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán”.
A los pueblos, comarcas y naciones que rodeaban las tierras por las que vagó Jesús sanando enfermos, tuvo que llegar noticias de tan portentosos eventos. Seguro que en tales lugares hubo enfermos adinerados que hicieron llevarse ante Jesús, para ser sanados. Resulta extraño que el mismo Pilato no escribiera una carta a Roma diciendo que en sus tierras deambulaba una UVI (intensive cura unitas).
He nacido en el siglo XX, y eso es lo extraño: Que pasados veinte siglos de aquellos “portentosos eventos” no hayan aparecidos testimonios de personas que fueran curadas por Jesús.
Soy consciente de que el analfabetismo en aquella época era muy extenso, pero al igual que nos han llegado los evangelios y demás escritos cristianos, podían haber llegado escritos de personas con cultura que hubieran sido sanadas por Jesús.
A no ser que los Ayes de Lucas: «Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo […]», también estuvieran presentes en las curaciones.
La Verdad nos hará libres.