Mi compatriota español el filosofo Ortega y Gasset dijo: “Yo soy yo y mi circunstancia”.
Nací en una postguerra, y también padecí las consecuencias residuales de la II Guerra Mundial.
Mi familia era creyente y muy humilde (económicamente). Desde que tuve uso de razón me enseñaron los dogmas del Catolicismo (desconocían el ingente números de ramas que existían del cristianismo).
Nos vamos haciendo adultos cuando vamos modulando las creencias e ideas heredadas a nuestro “Yo y mi circunstancia”.
Conservé muchas de las ideas de mis padres: Esforzarse; querer saber más; ayudar al vecino; no menospreciar a nadie; ser prudente; educado y saber pedir perdón.
En la cuestión religiosa, admitida en principio sin objeción alguna, cuando alcancé la madurez como persona, comprobé que el Dios de mis padres no coincidía con el concepto que me iba formando de la idea de un Dios.
Ese concepto de Dios que yo me había forjado, estaba fundamentado en la grandeza del Universo en el que yo estaba, y cuyo conocimiento estaba muy lejos de mi capacidad de inteligencia.
Si yo no podía entender la complejidad de una criatura ¿Cómo podía entender a su Creador?
Pero si no se quién, cómo y cuándo fue creado el Universo ¿Para qué divagar quién lo creó? Cabe la posibilidad que el Universo sea eterno. Pensar otra cosa es como si a un parvulito que está aprendiendo a sumar, le queremos explicar álgebra.
Y la primera consecuencia de mi nueva forma de pensar fue:
El dios de la Biblia nada tiene que ver con el Universo. No pasa de ser un matón de barrio, con muy mala leche.
Cada uno que crea lo que quiera. No todo el mundo tenemos los mismos gustos. Aunque los que creen en Jehová el gusto y la conciencia lo tienen jodido.
Última edición por tomas0402; 09-mar.-2022 a las 06:41
La Verdad nos hará libres.