En la iglesia primitiva no había edificios de iglesias. La Iglesia — es decir, el Cuerpo de Cristo, se reunia en hogares privados. Hoy día se llamarían Iglesias domésticas, pero los cristianos de aquel tiempo se consideraban la iglesia y el lugar donde se reunían era la casa de alguien.

Dense cuenta de cómo Pablo saludaba a los cristianos de Corinto: “las iglesias de Asia les envían saludos. Aquila y Prisca, junto con la iglesia de su casa, les envían muchos saludos en el Señor” (1 Corintios 16,19).